Pues eso, aprovechando que mis oseznas duermen, he sacado la manta que hice hace... ¡oh, dios, hace tropecientos años luz! y le he sacado unas foticos. Las foticos, fatal. La manta... Aix, adoro esta manta. ¿Por qué? Porque es el único testimonio vigente de que yo antes cosía.
En fin, no es muy grande, creo que mide 1,20 x 1,00, y tampoco es muy gruesa, pero me encanta sacarla cuando llega el invierno y alguna de mis ositas hiberna encima de uno de sus progenitores. O cuando Maria la escoge entre las otras tropecientas mantas (que yo no he hecho) y decide arrastrarla por la cueva tres días seguidos. Al menos le da uso.
Y ahora un detalle en zoom de lo mal que se me dan las esquinas (no pun intended).
Por delante (con detalle del reverso).
Y por detrás. La verdad es que una de las cosas que más mandra me da a la hora de hacer una manta es el acolchado. Puff, el acolchado, qué palo. Pero hojeando el libro de Denyse Schmidt, Denyse Schmidt Quilts (que la tía es rompedora en su campo, pero en lo de poner títulos...), vi esta otra opción de acolchado, con nuditos, y me decidí a probarla. Ah, y me gustó.