Vale, lo prometido es deuda. La china. Sí. Vale. La china, la china...
Veamos, ¿qué sé de la china?
(Atención: las opiniones vertidas en el siguiente post no tienen por qué coincidir con las de la dueña del blog. Advertidos quedáis, porque me voy a jartar a escribir clichés que seguramente rozan el escarnio, el mío, y animen a que me apaleen en cualquier esquina, y con toda la razón.)
1. Que es un país muy grande, muy bonito y con gente maravillosa (plagiando los vastos conocimientos acerca de Rusia de Miss Melilla, ese prodigio intelectual).
Ah, ¿que qué sé yo de China? ¿En serio? Sí, esto, que es un país muy grande, muy bonito y con gente maravillosa... Y que todos se parecen. Y que son mogollón. Y que están obsesionados con el ramo de la restauración y los bazares chinos. Pa muestra, un botón (en la Rambla del Poblenou), donde existe un bar llamado "El burgalés" regentado por un chino. Igual el chino es de Burgos, quién sabe. En fin, que me voy del tema.
Ah, sí, y también que hablan muy alto. Como si temieran que no les fueran a ver, por lo bajitos que son.
Madre, voy a darme de tortas ahora mismo yo solita.
2. También podría hablar de mi vecina, la china. Aunque creo que es coreana. El caso es que la señora debe de tener unos 120 años o así (no sé cómo se lo montan los chinos, pero aunque tengan 300 años siguen pareciendo jóvenes) y casi todos los fines de semana baja al jardín interior de la finca a hacer tai-chi. Debo confesar que al principio me asusté, creía que se había quedado ciega y que iba tanteando el aire con manos y pies y temía que cayera a la piscina, pero luego vi que la rodeaba con gran pericia. Eso sí, sin prisas.
3. Que es muy molesta, sobre todo cuando se te mete en el zapato.
4. Que te la puedes fumar. Que no digo que lo haya o hubiere hecho, eh, mama. (Por Dios, casi con cuarenta tacos y todavía justificándome delante de mi santa madre. Pero ¿quién le daría la dirección de este blog? Ah, sí, fui yo.)
Y poco más.
La ura.















