miércoles, 15 de junio de 2011

La reina de las empanadas

Bien, quien haya llegado hasta aquí en busca de la receta de las recetas, de la "ultimate" receta para una empanada, ya aviso que va equivocado. Ahora, si lo que busca es oír las tribulaciones de una madre-histérica-que-no-sabe-en-qué-día-vive y que por cerebro tiene una empanada, entonces lo ha clavao, éste es su sitio.
Pongo en antecedentes:

1) Misión de la semana (I): matricular a las niñas para el curso que viene (fecha y hora anotadas en la carpeta con los papeles que hay que entregar).
2) Misión de la semana (II): llevar a una de ellas a hacerle unas pruebas al hospital (fecha y hora anotadas en la carpeta correspondiente).
3) Misión de la semana (III): pedir hora con el gestor para hacer la RENTA (fecha y hora a concertar).

En fin, a primera vista no parece tan difícil, ¿no? Al fin y al cabo, lo tengo todo anotado, señalado, subrayado en colores y con postits por todas partes como buena controlfreak que soy. Pues bien, para seres con serias dificultades para el procesamiento cerebral como yo, es todo un reto.

Primero, el día de la matrícula (hora concertada a las 12:30), me paso la mañana mirando el reloj cada cinco minutos para que no se me pase. A la vuelta de llevar a las niñas al cole me paso por el gestor y quedo con él para el día siguiente (día 15) a las 12:30. Me pongo a currar y a las 11:00 me despisto un momento mirando no sé qué en el ordenador y cuando quiero darme cuenta son las 12:34. Salgo corriendo de casa, llamo por el camino al cole para disculparme por el retraso, llego sudando como un cerdo porque encima hace un sol de mil demonios y no hay ni una puñetera sombra en todo el camino y, cuando llego, la directora sale a recibirme con cara compungida.
--Pero si tenías hora para mañana --me dice.
--Que no, que no, que era hoy --respondo yo.
--Que no, que era mañana, lo tienes anotado en la carpeta --insiste ella.
--Que no, que es hoy, mira, de tu puño y letra, día... ¿15? ¿No es día 15? ¿Hoy es 14?
Tierra trágame. Risas forzadas. Chascarrillos de circunstancias. Miradas huidizas (la de la directora, pensando: "madreee, otra chiflada").
En fin, pa casa. Por el camino vuelvo a pasarme por el gestor para anular la cita para el día siguiente a la misma hora.

Segundo, el día del hospital (horas concertadas a las 8:20 y 8:24, placas y análisis de sangre, en ayunas), hago venir a mis padres para que me acompañen y se queden con una de ellas mientras entro con la otra a hacerse las pruebas. Salimos hipermegatemprano de casa, las niñas concienciadas, en ayunas, un helicóptero dando vueltas desde las 6 de la mañana, llegamos al tranvía. Esperamos. Y esperamos. Anuncian por megafonía que sólo funciona de Glòries a Sant Adrià. ¿Y a mí qué?, nos montamos. Ejem. Una parada y nos bajamos. La megafonía insiste: de Glòries a Sant Adrià. Aaaaaah, quieres decir que sólo funciona de Glòries a Sant Adrià, claaaaro. En fin, corre que te corre a buscar un transporte alternativo, el autobús. Mis padres a paso de abuelo relajao (que no es una crítica, mama, que te conozco), yo a paso de madre histérica (pensando en las rodillas de mi pobre madre). Esperamos. Subimos al autobús. Al autobús del infierno, debería decir, porque el conductor se había levantando creyéndose Fermando Alonso. Llegamos al hospital, llegamos al servicio de radiología, entregamos los papeles.
--Uy, pero si esto es mañana --me dice la recepcionista.
--¿Cómo? ¿Mañana? --pregunto yo, temiéndome lo peor, que se me haya licuado el cerebro.
--Sí, mañana día 16 --insiste, con expresión compasiva (seguramente pensando: "madreeee, otra chiflada").
En fin, pal cole. Eso sí, primero paramos a desayunar como Dios manda, que mis princis están en ayunas. Yogur, medio donut de chocolate y rapiñamiento de mi bocata.

Vale, yo creo que no hase falta disir nada más.

lunes, 6 de junio de 2011

¡Por mis cojines!

¡Síiiiiiiiiiiiiiiiii, me he sentado a coser! Bueno, en realidad, antes del cojín que os enseñaré enseguida, había cosido a todo correr una chorradita para regalo que ya os enseñaré cuando su dueña le saque fotos y me las mande. Eso o hacer más chorraditas por el estilo, hacerles fotos y regalarlas. Algo que, conociéndome, sospecho que sucederá. Qué vicio.
Bueno, a lo que iba, que este finde, mientras las princis dormían su siesta, decidí coser un cojín a toda prisa, una idea a la que llevaba dándole vueltas hacía tiempo. Más que nada porque los cojines de casa dan grima (claro, que comprando la funda en los chinos, tampoco les puedo pedir mucho más). En fin, que busqué por internet cojines y vi varios que me gustaron mucho, por lo que decidí emular uno de ellos y lo que se suponía que iba a ser un proyecto rápido y sencillo se convirtió en una pesadilla para alguien que no tiene ni idea de combinar colores, estampados y que podría ser coronada reina de los daltónicos funcionales.
Aquí os presente el primero de lo que espero que sea una serie de cojines:


La inspiración, aquí. Que sí, que en el tutorial, además, lo explica todo, pero yo me quedé con la foto y, a partir de ahí, fue imaginando cómo lo había cosido. Conclusión: la parte frontal tiene un pase, pero la trasera... Aix, en fin, aquí está.
Sí, hice una parte demasiado corta y tuve que añadirle un trozo después. Además, el añadido TAMBIÉN fue demasiado corto y se abría, de modo que tuve que coserte un par de "botoncitos" para que se mantuviera en su sitio. Que no me disgusta, eh, que tiene su qué. Además, me encantan estos botones, por no llamarlos platos de sopa, porque mira que son grandes...

Por fin, por fin!!!

Hace ya algún tiempo, surcando las aguas del Mar Internáteo, visité un blog de costura (de hecho, conocí a sus creadoras en una feria del Hobby y les compré un kit para hacer un álbum con que estudiar los colores... que sigue escondido en algún rincón de casa, el muy ladino, y no quiere aparecer. Podéis visitarlo aquí, es impresionante lo que hacen, lo prometo) que, a su vez, me llevó a un blog de una joven artista de cuya obra me enamoré al instante (podéis disfrutar de su obra aquí). Luego, pocas semanas después, me enteré de que el primer blog pertenecía a la madre y a la tía de la artista.
Bueno, a lo que iba, visitando el blog de Mireia, vi que había creado una colección titulada "SiestaTime" y que era "customizable". Así que, ni corta ni perez-osa, me puse en contacto con ella y le encargué uno de mi familia como regalo del padre para mi maromo y... Os dejo el resultado. Wow, wow, wow, superó con creces todas mis expectativas.
De hecho, quedé tan contenta que enseguida pensé que cualquier persona querría tener uno, pero una en concreto más que nadie, mi cabra loca, y por varias razones.
1) Mi maromo y yo no solemos compartir el lecho con las princis, pero CabraLoca sí, y sería un reflejo verídico de la realidad.
2) CabraLoca es una artistaza pirada por la pintura y los colores y esta obra le venía "que ni pintada" (¡juas, qué chispa tengo, neng!).
3) Al ser customizable, podía pedirle a Mireia cualquier adición especial al cuadro (aunque ella siempre se guarda la potestad de añadir o no detalles. Al fin y al cabo, la obra es suya).
4) CabraLoca es una exhibicionista nata, por lo que supuse que nada le gustaría más que aparecer en bolingas en un cuadro.
De modo que siendo el cumpleaños de CabraLoca en abril, decidimos (el grupito de sospechosas habituales y yo) regalarle un SiestaTime featuring her family. Lo que, evidentemente, ha retrasado la publicación de este post, ya que no quería levantar la liebre antes de tiempo.
Y este es el resultado:
Sí, la nariz de payaso fue una petición especial que afortunadamente caló. No, los calcetines del CabraConsorte no se solicitaron, pero son descojonantes y, creo, muy adecuados. Y los Cabritillos son lo más.
En fin, que desde aquí (tal como ya lo hice en persona) quiero darle las gracias encarecidamente a Mireia Sala y animarla a seguir adelante, a que no se desanime y a que siga creando. Con ese don, casi está obligada a hacerlo.
Btw, Mireia tiene una tiendecita en Etsy donde podéis admirar y financiar su obra presente y futura.