Sí, soy una artista. Me he dado cuenta. Hay quien consideraría mi arte síntoma de enfermedad, pero serían los pocos, los envidiosos, los malcontentos, los que no saben alegrarse de la dicha ajena. ¿Por qué? Porque quien más y quien menos alguna vez ha dejado a medias algo que ha empezado, diciéndose "uy, mañana lo acabo, fijo" y semanas después todavía coge polvo encima de la mesa. Ah, pero ¿elevar eso a categoría de arte? Eso solo lo sabemos hacer unos cuantos, los Elegidos, así, con mayúsculas.
Pruebas, aporto pruebas, o lo que vendría siendo una lista de trabajos en curso que en su día empecé y que algún día, ¡algún día!, acabaré. Lo juro. Por éstas, muaca. Palabrita del niño Yisas.
- Funda nórdica para mis hijas (inicio: 2009). Se trata del caso más escandaloso, teniendo en cuenta que ya tengo cortadas TODAS las telas. Lo malo, malísimo, es que si algún día la termino, sólo podrán utilizarla de felpudo para salir de la ducha, ya que entonces dormirán en cama King Size, fijo.
- Cojines Summer Sampler (inicio: 2010). Como soy una agonías, veo un Quilt-Along y me quiero apuntar, pero no tengo ni las telas ni el tiempo, así que decido replicarlo todo, pero en pequeñito, con retales, y me lío, claro. Y lo que iba a ser una colcha, acaba siendo mental y proyectísticamente un cojín para cada una. A juego con la colcha, juas.
- Caballito de juguete (inicio: 2011). En mi prurito reciclero, decidí aprovechar unos tejanos que estaban para tirar y seguir un tutorial para hacerles unos caballitos a mis hijas. Como siempre, me quedo en la fase de cortar. Todo cortadito y metidito en sus bolsitas. ¡Ja, antes aprenderán a montar en uno de verdad!
- Tree-skirt navideño (inicio: 2011). Que no sé cómo se llama en castellano, pero es un faldón para tapar los bajos del árbol de Navidad. Con suerte, estará acabado para las Navidades futuras... Ahí lo dejo. No me mojo más.
- Mochila porta-bebés para muñecos (inicio: 2011). Preciosas en fotos. Todo cortado. Cosido a medias. Como siempre. Aaaaaaaaarrrrggh. Este me propongo terminarlo para su cumple. No digo de qué año.
Ah, pues no son tantos. Vaya, me he quedado en artistilla de medio pelo. ¡No, un momento! ¿Y la montaña de ropa para remendar (que siempre acabo encasquetándole a mi madre)? ¿Y los miles y miles de millones de proyectos que archivo, imprimo y clasifico? Yo sé que algún día todo esto tendrá su recompensa, lo sé. Y ¿por qué lo sé? Porque no soy de esos envidiosos y malcontentos que no saben alegrarse de la dicha ajena, sino más bien de esos optimistas (lo que también vendría conociéndose como descerebrados de distracción fácil) que creen que si algo no lo acabas hoy, seguro que lo terminas mañana. Y así me va.