sábado, 25 de agosto de 2007
Vacaciones en el campo
No hay nada mejor que regresar a los lugares donde has pasado las vacaciones en tu infancia para convertirte inmediatamente en la abuela cebolleta y empezar a contar historias de los tiempos de maricastaña. Porque, ¿a quién no le habré contado yo que todavía recuerdo antaño cuando había que salir de casa para ir a hacer una sus necesidades al campo y limpiarse con una triste piedra u hoja del camino? Qué triste destino para esa hoja y esa piedra, sin más culpa que ocupar el lugar equivocado en el momento equivocado.
Ay, cómo me gustaba este espejo cuando estaba en casa de mi madre hace 20 años y cómo me sigue gustando ahora que está en la de mis abuelos. Atención al enchufe, lo más de lo más, y con un canto en los dientes porque da luz a 250 y no a 125, como hasta hace poco. (Ya vuelve a salir la abuela que hay en mí)
Y estas son las sillitas del vestíbulo donde mi abuela se sentaba a coser para remendar un calcetín ayudándose de una bombilla fundida o a tejer unos patucos de ganchillo la már de psicodélicos o a perpretar una manta rústica-patchwork-rústica que ríanse los americanos de sus inventos. Y con esa gatera en una esquina de la puerta para que los gatos pudieran salir y entrar a sus anchas (como si la puerta estuviera alguna vez cerrada) y junto a la que por la noche se colgaba la llave, para que cuando una volvía dibujando eses sólo tuviera que acertar a colar la mano por el agujero, palpar a tientas hasta dar con la llave, insertar la llave en la cerradura sin ver un pimiento del ciego que llevaba y de la poca luz que había en la calle, leñe, subir todos esos escalones (en la puerda de entrada hay otros dos ladinos y traicioneros), no morirse del susto al ver dos puntos verdes luminosos en la oscuridad del maldito gato que tranquilamente dormitaba en los cojines de mi abuela, y conseguir dar con las escaleras para subir a dormir. Y todavía tengo muchas más historias. ¿Ya os he contado ese día en que...?
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3 comentarios:
Ay que ver con la abueli!!! Pero quien era la abueli, ¿ella o tú? Esas batallitas suenan a abuelita tururu Aunque confieso que esas historias de nostalgia festera-costurera tienen lo suyo
Hombre! Cuánto te hemos echado de menos, Oso! Yo, que soy un poco pedorra, me presto a que me cuentes tus historietas de calceta y zaguán.
Un bechooo!
y que me encanta el espejo
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